Quiero ver, quiero entrarte. Nena, nadie te va a hacer mal, excepto yo. Si fuera una canción de Seru Girán no sería Seminare, sería quizá esa que Charly dejó afuera por falta de afinación, porque su atribulado y reventado oído absoluto le habría alertado que no entraba en ningún disco, que cerca de Desarma y Sangra sonaría sucia y al lado de Perro Andaluz se vería demasiado (e inútilmente) cinéfila.
Moveme, sacudime, cacheteame, pegame y decime Marte. Soy cualquier cosa menos lo que estabas buscando. Te tengo que alertar antes de que te equivoques, antes de que vuelvas a elegir mal, como la otra vez, como recién, como al principio. Como vas a seguir haciendo.
Soy la estrofa mal terminada, la canción con la rima consonante menos aceitada de la cocina del songwriter, la que Sabina tiró al tacho de las vergonzantes, las que ni siquiera en su compilado de outtakes más trillado podría entrar como bonus track.
Y sí, el lugar común del loser, a esta hora, la de la mañana intolerable y fatal, me sienta bien. Dejame jugar a que soy un perdedor consciente, una peluca telefónica sin tono, un bombón con licor nacional impopular.
Puedo escribir los versos más tristes esta mañana, pero me quedé sin nesquik.


Groso!