Entrevista a Ricardo Forster
Posted by Daniel Castelo | Posted in entrevista , política | Posted on 9/15/2010 01:49:00 PM
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Acá va la versión completa de la entrevista que le hice a Forster, originalmente publicada (retitulada y resumida) en Diario Z.
“Lo mejor del kirchnerismo es cuando dobla la apuesta”
Es uno de los fundadores de Carta Abierta y mosquetero de la intelectualidad que adhiere al kirchnerismo. Dice que el gobierno causa escozor en el poder concentrado y destaca al mandato de Cristina por sobre el de Néstor Kirchner.
A más de dos años del nacimiento de Carta Abierta y también de la crisis del campo, ¿se podría decir que el conflicto amainó pero se profundizaron los frentes?
Creo que más allá de los errores que pudieron cometerse, se abrió un nuevo tiempo político, debates que no se hubieran dado de la misma manera de no generarse ese conflicto por la renta agraria, que es histórico y nunca resuelto en la Argentina. Lo transitado estos dos últimos años no ofrece una sntesis inimaginable en otro contexto: reestatización del sistema jubilatorio, ley de servicios audiovisuales, asignacíón universal, matrimonio igualitario, unión latinoamericana, defensa a ultranza del mercado interno y el salario, repolitización de una parte importante de la sociedad, los festejos inesperados por el bicentenario… esto nos muestra un cuadro de una sociedad en movimiento, en estado de politización. Hoy se discute como no se discutía hace décadas el problema del Estado, de la renta, el proyecto de país, por eso para mi el saldo es positivo. Carta Abierta expresó en un momento determinado una irrupción inesperable, que rompió el discurso del poder mediático, en un escenario supuestamente abroquelado de las clases medias.
¿En estos dos años no se abroquelaron las partes en conflicto?
En una nueva disputa que comienza en 2003, que se anticipa por la crisis de la Alianza en 2001, lo que aparece es una conflictividad que opone sectores muy distintos de la construcción económico social argentina. Los que defienden a los intereses concentrados seguirán abroquelados y seguirán construyendo aquella vieja forma destituyente con la que se han movido, por eso también hablábamos de “clima destituyente” durante el conflicto por la 125. Pero algo comienza a romperse en el bloque homogéneo que unía los intereses de la corporación agraria y financiera con las clases medias. Uno puede percibir un cambio del humor social, ya no es la ferocidad y el odio que inundaron a las clases medias de grandes ciudades contra el gobierno hace dos años, lo cual fue conformado por la gran formadora de opinión y humor social, que es la corporación mediática.
¿Pero no continúa esa conflictividad?
A mi no me asusta, está dentro de la lógica de la democracia que se produzcan estos conflictos, que haya proyectos incompatibles entre sí. Las últimas reuniones de Magneto con el peronismo federal-conservador, los referentes más significativos de la UIA, las reuniones convocadas en la Rural por Biolcati con figuras de la oposición, expresan que hay un proyecto. Por otro lado, con sus dificultades y contradicciones, hay un proyecto que aspira a mejorar las condiciones de los más débiles, a mejorar la distribución de la renta. Ahora se plantea que para distribuir mejor hay que poner en cuestión el nivel de renta extraordinaria. Uno de los problemas clave que tienen democracias como la argentina es que tienen dentro suyo un nivel de distribución de la riqueza que conspira contra la propia democracia. Ese es el gran desafío ahora.
¿El paso más allá del gobierno en algunos frentes no choca con el apego del kirchnerismo a la estructura del PJ?
Es complejo. En Carta Abierta vemos como una falla que se produzca un cerramiento alrededor de la estructura del PJ. Defendemos la necesidad de construir un amplio espacio de confluencias, capaz de nuclear a una pléyade de identidades político-culturales que expresen una transformación. Pero el PJ es también un vehículo indispensable a la hora de construir poder, sería un suicidio entregar el PJ a Duhalde, a De Narváez, a Solá, a Reutemann. Creo que se está dando un desprendimiento de un sector neoliberal restauracionista del peronismo a partir de la creación del peronismo federal. Hay un gran desafío para el kirchnerismo que es recrear en estas condiciones actuales esa apuesta fallida que fue la transversalidad. Creo que incluso están dadas de una manera más geniuna las condiciones para que se produzca un arco frentista de sectores interesados en profundizar lo mejor de las políticas de los últimos años, porque si comparamos el período de Néstor Kirchner con el período de Cristina Fernández, las medidas más radicales, las que más pusieron en cuestión el núcleo del poder en Argentina se dieron con Cristina Fernández, lo que habilita aún más que grupos que vienen de tradiciones progresistas puedan ser parte de un proyecto que tiene que abrirse, ser más generoso, capaz de escuchar otras perspectivas y salir de una lógica encriptada.
¿Por qué hay tanta resistencia de un sector del progresismo al kirchnerismo?
Me preocupa que sectores que se definen como del campo popular reduzcan la problemática argentina al bloque homogéneo de “el poder en general”, del que sería parte el kirchnerismo como una ficción, como se dice desde Proyecto Sur o algunos intelectuales. Es un gran error suponer que la Argentina estaba lista para transformar radicalmente sus estructuras, después de dos décadas de desilusión. No leer que en 2003 no estaba como posibilidad la reapertura de los juicios, la reestatización del sistema jubilatorio... Nada de eso estaba en el imaginario de la sociedad, más bien creo que la sociedad argentina tenía una inclinación a replicar las fórmulas neoliberales. El ballotage de 2003 podría haber sido entre Menem y Lopez Murphy, se coló Kirchner de casualidad, o si Reuteman hubiera aceptado y sido el candidato bendecido por Duhalde hubiera ganado en primera vuelta con el 60 % de los votos y sabemos qué poliítica hubiera llevado adelante... Hay que leer las circunstancias históricas.
Por supuesto que los que tenemos un ideal emancipatorio queremos que se avance en la distribución de la riqueza, pero también hay que percibir las condiciones de confrontación, no hay que caer en un posibilismo.
Al gobierno lo siguen corriendo por izquierda...
Hay que ver qué es hoy “lo maldito” para el poder, ¿lo maldito es Altamira, Pino Solanas, que pueden ser invitados continuamente por Grondona o el grupo Clarín, por el establishment, porque nunca van a detentar el poder, o lo maldito es la puesta en cuestión de la decisión discrecional que el poder concentrado venía teniendo en Argentina en las últimas décadas? Eso me interesa: el escozor que se genera en el poder, el odio incluso.
¿Y desde la intelectualidad?
A mi me revelan las almas bellas... No creo que la tradición del intelectual sea ser siempre la de aquel que desde la tranquilidad de la distancia le dice al poder todo lo que está mal. Hay momentos históricos en los que si hay una disputa que habilita otras cosas, el lugar del inelectual crítico debe ser, sin abandonar la crítica, acompañar, discutir, si querés incluso establecer vínculos en el territorio político, que no es puro, que está enlodado. Yo creo en la sinceridad. No se me ocurriría decir que Beatriz Sarlo hace lo que hace porque alguien le paga, eso sería una brutalidad, una estupidez, una canallada que no se sostiene. Hay que discutir en términos respetables las diferencias. Hay también una serie de problemas no menores... el reduccionismo, la simplificación, el colocarse en el lugar de la absoluta corrección... Hay momentos en que uno debe arriesgar la equivocación, porque los procesos populares no son puros. Fijate Evo Morales, a quien reivindico, atraviesa hoy un conflictto con pueblos originarios, con campesinos. Siempre es más fácil decir “lo que falta”. Si disputás la renta agraria, te vienen con que no disputás la financiera, si disputás la financiera a través de la reestatización del sistema jubilatorio, o a través de Mercedes Marcó Del Pont en el Central, te dicen que no disputás la renta minera... Entonces siempre hay un después. La pregunta es entonces si están dadas las condiciones para construir el socialismo en Argentina.
¿Hacia dónde tendría que mirar el kirchnerismo para abrir su perspectiva?
Hay actores políticos significativos, el Nuevo Encuentro, sectores de la izquierda democrática... Sudamerica es una anomalía, si vemos como en Europa se despliega la lógica del sistema a nivel mundial lo que se descubre es que estamos en un contexto extraordinario. Venimos de derrotas conceptuales; durante los últimos quince años del siglo veinte el discurso económico dominante había desechado a cualquier alternativa, era vergonzante hablar de Estado, de distribución, de igualdad. El famoso progresismo se había transformado en un estilo de vida, en lo políticamente correcto, había abandonado la cuestión social, la política. La Alianza y su soporte progresista se constituyó pensando que la política se desarrollaba en un set de televisión.
¿El kirchnerismo redefinió la idea de lo que es ser progresista? ¿Como dice José Pablo Feinman, a la izquierda del gobierno no hay nada?
Lo que se abrió en el 2003 hizo una cuña muy fuerte hacia el interior de lo que se llama progresismo, que también venía de una crisis muy profunda, que fue la crisis del Frepaso, de la Alianza y también del Ibarrismo en la ciudad de Buenos Aires, que no había salido indemne del abandono de la politicidad y la conflictividad como proyecto de transformación. En parte Carta Abierta expresa esa discusión. Ojo, que en Proyecto Sur hay gente muy valiosa que podría ser parte de un proyecto compartido, que en la ciudad sería enfrentar a la derecha desde una propuesta amplia, generosa.
¿Únicamente para enfrentar al macrismo?
Creo que sería factible ganarle al macrismo las elecciones del año que viene, pero lo que veo son pequeñas miserabilidades, y no lo reduzco a Proyecto Sur, también a fuerzas que integran el kirchnerismo; mezquindades que han roto la posibilidad de un espacio compartido... Sin embargo creo que hay diferencias difíciles de palear respecto de la caracterización del gobierno. Recuerdo un encuentro que mantuvimos en la Biblioteca Nacional con lo que era el bloque del grupo Sí luego de la votación de la 125, y ellos votaron contra esa ley. Vinieron todos, Macaluse... todos. Fue una reunión tensa, pero habíamos llegado a algunas coincidencias. Recuerdo la intervención final de Macaluse, salvaje, en la que empezó diciendo que todo era una impostura, que el kirchnerismo era como el liberalismo... todavía estaba vivo Nicolás (Casullo), que era de sangre italiana... se levantó y le dijo que era un miserable. Porque si decís que todos nosotros somos unos imbéciles que apoyamos una impostura, somos todos impostores. Cuando eso se produce, uno dice “bueno hasta acá se puede llegar”. Siempre recuerdo algo que dijo David Viñas, “no entiendo muy bien hacia dónde va este gobierno, pero me basta leer La Nación para saber con quien no puedo estar”. Yo puedo discutir con Beatriz Sarlo pero ella es una persona muy sagaz e inteligente, y sabe que elegir a La Nación como tribuna para difundir sus ideas supone toda una posición política. Que Mariano Grondona sea un interlocutor válido, sabiendo quien es, también está definiendo un lugar. Sé que el kirchnerismo tiene modos autoritarios de construir, que el PJ es un problema, que los gobernadores en muchos casos son impresentables... Por eso cuando lanzamos la declaración del Bicentenario logramos la confluencia de una parte importante de los intendentes que consideramos positivos, tratamos que una parte de la CTA participara también, lo mismo Luis D´elía, Pérsico, Milagro Sala, referentes de partidos como el Frente Grante, el PC, el Pi. Ahí no vino ni Raúl Othacehé ni lo peor del PJ. Invitamos también a la CGT porque hoy hay exponentes interesantes, desde Piumato hasta la propia figura de Hugo Moyano, que representa a una CGT distinta a la de los ´90.
¿Dónde se ubica la clase media en este construcción, en este contexto político?
Es difícil; la clase media es espasmódica, compleja. Si tuviésemos la reconstrucción de una vida de un ciudadano de Buenos Aires de 1983 en adelante, digamos que ahí votó a Alfonsín, después se desilusionó y votó a Alsogaray, luego giró hacia Ibarra, después a Zamora y después terminó votando a Macri, Y en una de esas en la elección de 2009 votó a Pino Solanas. Al mismo tiempo tenés una clase media indefinible, no reducible a un solo paradigma. Es enigmática... como actor social ha tendido la mayoría de las veces a actuar de acuerdo a lo que la lógica del poder le planteó; se vio claramente con la 125, cuando un habitante urbano, que no tiene ni una maceta en el balcón creía que sus intereses estaban representados por la Sociedad Rural. Pero creo que hoy no es la misma entidad monolítica que era en 2008; hay un resquebrajamiento en el muro compacto, en ese sentido común brutal.
El radicalismo tampoco termina de definirse...
Es que se vio que cuando Cobos apareció como una estrella emergente era alguien que veían como viable... y ahora aparece como una expresión más o menos progresista Ricardo Alfonsín, pero basta escuchar a Gerardo Morales, a Sanz, a Cobos y a los legisladores de la bancada radical en los últimos dos años para ver hacia donde va el radicalismo. Se pueden sacar diez fotos con Biolcati, diez fotos con Magneto y después aparecer como progresistas o hablar de la tradición popular de la UCR.
¿Y de acá a la elección de 2011 qué resta?
Soy de los que piensan que la derrota de junio del año pasado fue buena para el kirchnerismo porque habilitó cosas que estaban estancadas. La asignación universal es una decisión que nace de la derrota electoral, que no venía de una posición previa. Creo que la situación es mucho mejor en términos políticos, sociales, culturales, que dos años atrás. La Argentina es muy compleja. Creo que el oficialismo de cara a 2011 va a generar apuestas más importantes; se juega una parada muy significativa. También están los que vuelven a hablar de moderación... ni lo uno ni lo otro, hay que saber encontrar el tono, pero lo mejor del kirchnerismo es cuando dobla la apuesta.
¿Es indistinto Cristina o Néstor en 2011?
Siempre los he visto como parte de un proyecto compartido. Supongo que se hará según como cada uno de los dos aparezca ante la sociedad. Si Cristina llega a las internas con un nivel de aceptación e imagen pública elevada por una gestión buena, supongo que será Cristina. Y si fuera Néstor, será Néstor. Pero fijate que cuando se postuló Cristina el que estaba mejor posicionado era él. Lo que me importa es que la oferta política sea producto de haber aglutinado a sectores sociales y políticos progresistas.


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