Desmadro.

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 1/25/2014 02:16:00 a. m.

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Subo la música
un poco más
                    más
                           más
                                  más.

Me escondo
un poco más
                    más
                           más
                                  más.

Y hago de cuenta que no faltás,
que no extraño,
que no siento,
que no evito pensar.

Hago de cuenta,
hago cuentas,
desahogo,
deshabito,
desmadro.
Un poco más.

Génesis

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 1/25/2014 02:06:00 a. m.

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Tuvimos nuestra génesis.
Tuve.
Tuviste.
Tengo.

Buscala, está.
No hay sílabas, hay jugos
de letras
de deseo
que sigue.
Está.
Lo tengo.

Bailemos,
mordamos el colgajo.
Todavía queda.
Me queda.

Ya

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 11/12/2013 02:54:00 a. m.

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No hay metáfora
(pelotuda)
que me vaya a ganar la apuesta.

No hay más rock,
nos queda el pop
(bailable),
la ópera maldita.
El booklet sin fotos ni letras.

Bailemos,
acá,
al lado del Winco.

Corré los discos,
manchemos la alfombra,
rompamos las copas.
Ya.



Señores de maletín

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 11/11/2013 04:23:00 a. m.

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Señores de maletín,
señores con olor a claveles
     robados del cementerio.
Señores secos,
     a punto de muerte.

Señores de rutina, de casa al trabajo
y del trabajo a casa.
     sin ambiciones
     sin intereses
     sin dobleces.
     Sin matiz.

Olor a claveles
     nada más.

Enano de mierda

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 8/16/2013 01:16:00 a. m.

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-Después de nacer todo es peor -me dijo la puta del otro día. La segunda de la semana, la tercera del mes. A las del resto del año les perdí la cuenta.

La frase me la escupió antes de irse, mientras agarraba los trescientos pesos que le había dejado sobre la mesa.

Chupar, tragar, cobrar. Tres pasos rápidos. Ella sigue puta, yo sigo con este metro diez de altura de mierda. Gracias mamá, gracias papá, gracias bola de la ruleta hija de puta de la desgracia genética. Gracias puta, preciosa puta, por esa frase que me describe mejor que nada que alguna vez me hayan dicho.

Todo es peor. Desde el colegio para nenes especiales, donde yo era el más especial de todos, el que le daba asco a los que le dan asco a los demás.

-La tenés larga por lo menos? -La pregunta me persigue hasta el baño y cada vez que voy a mear la realidad me dice que no, que por lo menos yo, no.

Ni con la pija la pegué.

Todo es peor. Estudios en casa, por correo, más la asistente social que venía a comprobar que mamá y papá no me habían abandonado. La vida social de un jorobado de Notre Dame sin campana.

La vida de un muerto vivo. Yo, el enano de mierda, el renacuajo que se bañaba todos los días para dar menos asco. Pero tenía el olor de la presencia, el olor fétido de lo que no se quiere ver pero está ahí, molestando.

Como los pobres que piden tirados en el piso, sucios, estirando la mano, poniéndola delante nuestro para que los veamos y nos hagamos cargo de que existen.

Todo es peor.

Enano de mierda. Hasta suena bien de tanto que se piensa y no se dice.

El espejo me mostraba el asco que nadie acepta pero está. Latente, en vivo. Me lo escupen con los ojos. Preferiría que me pusieran el pie cuando estoy por cruzar, que me empujaran al andén cuando está por pasar el tren. Que me pegaran el tiro que no me animo a pegarme.

La pistola está ahí, en el cajón de la mesita, al lado de la puerta.

Una bala.

Me espera, la siento latir adentro del cajón.

Todo es peor.

Papá, atropellado por un colectivo que se lo llevó puesto porque no lo vió. Muerto, tirado en una fosa común. Mamá, arruinada, mal curada, muriéndose hace meses en la sala de un hospital mugriento donde no la atienden ni le cambian la ropa por el asco que les da a las enfermeras tocarle el cuerpo deforme y fétido por los años y el abandono. Un hospital al que ni siquiera voy yo, el enano de mierda.

El enano de mierda que ni siquiera va a ver a su madre enana, postrada y agonizante.

Soy todo eso que nadie quiere ver. Ni siquiera yo. Hace años que no tengo espejos y hace meses que no me baño. Les doy la certeza de ser el monstruo que imaginan cada vez que me ven pasar. Despeinado, mal vestido, con olor, costras de mugre en la cara, las piernas torcidas, el hedor caliente.

El enano de mierda, el de las películas de terror, el de las burlas, el que sirve para mostrar todo lo feo.

Pero el enano de mierda este toma cocaína. ¿Querés? Es buena, no me violenta, es todo lo refinada que tiene que ser para no salir a matar después de metérmela.

Todo esto que te asusta vino después de nacer.

Después de nacer.

Todo peor.

No te asustes, la merca ya bajó, la pistola no pienso usarla con nadie que no sea yo y la época de romper cosas quedó atrás. Soy un enano de mierda renegado pero tranquilo. Me queda la autodestrucción. Terminar de pudrirme despacio hasta que no aguante más.

¿Cuanto hace que te estoy hablando? Creo que poco, pero me parece demasiado.

Me gusta el silencio. Gracias por tolerar mi presencia, por no ponerte un pañuelo con perfume en la nariz, por no demostrarme el asco, las ganas de devolver, de irte lo antes posible.

Gracias.

Creo que doscientos pesos está bien, ¿no? Al fin y al cabo te evité la parte de tener que tragarte esto que ni siquiera me sirve para engendrar otro enano. La plata está arriba de la mesa, ahí, al lado de la puerta. Si tenés alguna frase para dejarme, decímela antes de salir.


Ringside

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 6/17/2013 04:41:00 a. m.

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Las sábanas flameaban como banderas de victoria. Te sacudías, gritabas, me insultabas por la cogida furiosa, inédita.


(a la máquina se le va a terminar el carbón, alguna vez las vías se van a torcer y no habrá forma de marchar, hay que agitar mientras haya resto)

Rasguñaste, mordiste, gruñiste, jadeaste, acabaste. Dejaste caer la mano por fuera del colchón.

Veo el encuadre que podría haberse logrado: una toma desde abajo de la cama y tu mano sobresaliendo, con los dedos frágiles y ágiles moviéndose lento, dibujando una coda en el aire de lo que había sucedido sobre el ringside.

(todo sucede ahí, incluso cuando ocurre en cualquier otro lado)

Adhiero a la forma en que explicitamos lo que suele ser indecible, apoyo toda declaración de amor y calentura en momentos de amor y calentura. Me sumo a toda movilización que emprendamos en favor de un polvo legendario.

No quiero bajar de ese podio en el que nos turnamos para ocupar el lugar del que domina.

Te dejo, dale, subí vos, quedate ahí.

Seguí, sigamos, pisemos el acelerador.

Hasta que nos hartemos de ser felices.

Rockstar

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 2/26/2013 05:06:00 a. m.

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Estaba enfundada en una sensualidad que jamás me había dado a conocer. No porque me hubiera retaceado goce o voracidad hormonal, pero esa noche, en esa fiesta en la que nos habíamos colado, vibraba al pulso de una densidad sexual en estado de gracia.

Caminó desde el sillón que compartíamos junto a la lámpara art déco que reinaba en medio de la sala y se paró junto a él, buscando atención, intentando interrumpir la posmoderna solemnidad que rodeaba al rockstar poseedor de un aura alienígena fatal.

Se planchó con la mano la blusa de seda que llevaba con informalidad, se miró los zapatos, buscó el reflejo de los labios en su copa de champagne y, como al pasar, reajustó la pollera de cuero elastizado, acto reservado para el avance que ansiaba apurar pero prefería ralentizar, con un nerviosismo que apenas yo podía detectar, conocedor de su capacidad para que las cosas se noten pero apenas lo necesario.

Preguntó una tontera que sonó casual, la misma que habíamos ensayado en clave de juego perverso minutos antes y que traduje en voz alta leyéndole los labios, poderosos en su sutileza y siempre al borde del desborde.

Como respuesta obtuvo una total falta de oralidad, reemplazada por una eyaculación tácita que ya había sido ejercitada en canciones, shows, declaraciones, poses. El artista desvió la mirada de la cohorte que lo adulaba, se la dedicó como un rayo fálico y chocó su trago rojo sangre con la copa que ella portaba.

Un cruce de retinas y líbidos que se sacaron chispas durante un tiempo sin tiempo, una burbuja orgásmica provocada por una mezcla de deseo en el cuerpo de una mujer sin par y los ojos de un ser irrepetible.

Los ojos de David Bowie, infinitos.

Unipersonal

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 11/27/2012 04:11:00 a. m.

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Que nos maten los excesos pero no su ausencia, le dije y la invité al trago más potente de la carta. Prefirió elegirlo ella, acodada sobre el borde de la barra y sin poder quedarse con alguna de las opciones.

Apuntó con los labios al barman, que debió prestar especial atención a las indicaciones, leyéndole los labios a causa del ruido ambiente. No era un trago simple; llevaba gin, ron dorado, frutos del caribe y la forma en que debía prepararse exigía un trabajo extra. Coctelera en mano, el bartender no podía sacarle los ojos de encima a esa boca que daba instrucciones como si se tratara de una cirugía de alta precisión.

A modo de signo de puntuación, con la mención de cada ingrediente ella se mojaba los labios, carnosos, rojos sin necesidad de lápiz labial. Percibió el interés del hombre detrás de la barra, notó la forma en que la mirada del tipo iba de su boca a sus ojos, notó también que yo disfrutaba la escena con perversa incomodidad. Ella llevaba a cabo su show de sensualidad al paso con una contundencia envidiable. No necesitaba de otra cosa que su boca, una pasada lenta de lengua por el labio inferior y una mirada directa: el barman iba a estar disponible para servirla cuando lo quisiera.

La sesión de sexo express sin disimulo que tuvimos en el baño de mujeres, diez minutos después, fue antológica, un gran intercambio de golpes de lengua y una chupada que me dedicó como si fuera la última pija que se cruzaría en su vida.

Escupió. Me había avisado que iba a escupir, aunque no que el semen iba a tirármelo en la cara como una posdata bestial. Detalle. Como el que noté recién cuando salíamos del box: ese culo.

Por favor, ese culo.

Nunca me llevé bien con las loas ni con las declaraciones de amor ni con el porno soft ni con los maestros de ceremonias, por lo que le dije sin prólogos fláccidos que era el mejor culo que había visto en mi vida, que tenía intenciones de conocerlo mejor y que después de otro trago el mejor plan que tenía en mente era ir a mi departamento a que cogiéramos todo el tiempo que le quedara a la noche y a nuestras ganas.

Volvimos a la barra, donde aposté por un whisky con hielo y ella por volver a calentar al bartender. Pidió un trago con menta, tequila y algunos otros ingredientes que no escuché porque me alejé lo suficiente como para que ese culo y la humanidad que lo acompañaba pudiera concretar su unipersonal.

En otro extremo de la barra, la espigada delicia que esperaba atención me sonrió consciente de la situación entre mi acompañante y el hombre de los tragos. Me acerqué y no tuve que decir nada, me invitó a compartir lo que estaba tomando: un predecible Sex on the Beach, el cual además necesitó mencionar para que quedara clara la tensión venérea.

Me aburrió antes de empezar. Con una mano la tomé de la cintura, con la otra le acerqué el vaso de whisky hasta rozarle la piel que el vestido le dejaba desnuda y le hablé al oído, deseándole suerte con el sex, la beach y la pija que lograra conseguir esa noche. También le recomendé que dejara caer algunas gotas del trago sobre las tetas, ya que el escote le daba la chance. Sonrió con un dejo de amargura, sin entender por qué la dejaba ir para volver con la que a esta altura ya no le daba instrucciones al barman sino que observaba mi breve gag con una sonrisa de morboso disfrute.

—¿Cómo te fue?

—No tan bien como a vos con el barman. Ese trago se ve imponente.

—No es gran cosa, lo inventé en el momento. Me divertí con el barman, era fácil.

—Sos una hija de puta.

—Sí y te gusta. ¿Vamos a un hotel? Hay uno a pocas cuadras de acá.

Después de esa noche no la vi más, ni a ella ni a la perfección de curvas, huecos y humedades que le nacía bajo la espalda. Todavía me masturbo pensándola.

Dios

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 11/19/2012 03:28:00 a. m.

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Soy un descreído. De mierda, dirían los que son de creer en la primera teoría que se les cruza por delante. Que hay un dios, por ejemplo.

El que cree "en Dios" tiende a reirse, o al menos sonreir, cuando no a tildar de ridículo, a quien adhiere a la teoría de la multiplicidad de seres superiores.

¿Qué diferencia real, de base, puede encontrarse entre el quía que le reza a un ser todopoderoso presunto hacedor del cielo, la tierra y cada una de las cosas que nos pasan, y aquellos que hace miles de años creían en la existencia de un dios para la lluvia, otro para la muerte, otro para el sexo, y así con cada porción de la vida cotidiana?

Me la chupan. Todos. Gracias a Dios.

Descertezas

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 10/25/2012 04:21:00 a. m.

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Te contemplo durmiendo, moviéndote lento, con una serenidad zen de apariencia eterna.

(cada eternidad dura un momento, más o menos extenso, más o menos disfrutable, más o menos recordable, siempre irrepetible)


Desde que me abrazaste por primera vez con brazos, piernas y fluidos, me ahogaste en sexualidad, sacudiste la modorra de una líbido que me pedía a gritos un poco de acción, de incertidumbre genital, un lugar donde vértigo y placer se unieran para pulverizar la certeza de que la próxima noche va a ser igual a la anterior y a la de más atrás y a las de toda la vida. 

Esa certeza que rompimos en la cama, haciendo que el resto de los muebles de la casa necesitaran sentirnos coger.

Coger como verbo del presente perfecto, pasado imperfecto y futuro indefinido. Así, con círculos pop, lisérgicos, en el casillero de los días por venir. 

Porvenir.

Por venirnos.

El sombrero del Chaqueño Palavecino

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 9/17/2012 09:21:00 p. m.

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—Mirá quien viene ahí.

—¿Es el sombrero del Chaqueño Palavecino o me parece?

—Exacto, el mismo. Hace rato que no lo veía por Londres, y eso que vivo acá hace dos años.

—¿Tiene anteojos negros o veo mal desde acá?

—No, es una mancha de una noche en que el Chaqueño cayó sobre un pingüino empetrolado.

—Notable.

—Anotable, diría yo. Dejé registro en un block cuando me enteré; es una anécdota impresionante.

—No termino de armar la imagen mental del Chaqueño Palavecino cayendo sobre un pingüino empetrolado, debo confesarte.

—Te entiendo, a mi me pasó algo igual cuando me enteré que Soledad Silveyra en realidad no es ella sino René Favaloro.

—¿René Favaloro el cirujano? ¿No se había suicidado?

—No, René Favaloro un carpintero de Villa La Angostura, homónimo del cirujano.

—Ahora explicame lo de Soledad Silveyra. O Sylveira. Nunca recuerdo si se dice con i latina primero e i griega después, si es al revés o si va las dos veces con i latina o las dos veces con i griega.

—Es lo mismo cómo lo escribís, el tema es cómo lo decís. En ese caso no importa porque las dos suenan igual.

—Tenés razón. ¿Cómo es lo de Soledad Silveira, entonces? ¿No existe en realidad? ¿Murió?

—Se fue disolviendo con el paso del tiempo. Dicen que quedó adherida a la camilla del sanatonio en el que se hizo la última cirugía estética.

—A la mierda.

—Sí, se fue a la mierda, pobre. La cuestión es que el René Favaloro del que te hablo es fanático de Solita y justo estaba trabajando en el sanatorio cuando sucedió este hecho desgraciado de su desaparición física. Ahí es que el tipo se hizo una cirugía completa para parecerse a ella. De alguna forma logró convencer a la familia para que participe de la suplantación de identidad. Esto fue incluso antes de que conociera a Chacho Alvarez. Así que la cosa es compleja, imaginate. Solamente yo lo sé.

—Sos muy groso, en serio. Me da impresión porque para mi Soledad Sylveyra está mejor que nunca: linda, sexy, mejor actriz.

—Bueno, todo eso es mérito de René Favaloro, el carpintero y de los genios de la cirugía plástica que hicieron el trabajo de imitación.

—Me dejás culo para arriba con estos datos.

—Ya veo, tapateló que queda feo, estamos en el centro de Londres.

—Perdón.

—Perdonado.

—A todo esto, el sombrero del Chaqueño Palavecino pasó por acá y no lo vimos, enfrascados en la charla.

—Uy, tenés razón.

El Beatle

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 9/14/2012 07:11:00 p. m.

2



—Cada día estoy más parecido a los Beatles —lanzó Ernesto en cuanto recibió a Juan en su departamento del barrio porteño de Palermo, el más pop de la periferia de Londres.

—¿Vos decís al grupo Los Beatles? —preguntó Juan con un gesto de incredulidad sólo comparable al que habría expresado Mijail Bakunin de haber sido invitado a participar de un reality show—. Digo... ¿Te referís a los cuatro músicos, a una especie de conjunción entre Lennon, Paul, Ringo y George, como si se hubieran conformado en uno solo, en este caso vos?

—Exactamente —dijo Ernesto, tajante y con cara de pocos amigos (tiene cuatro).

—La verdad, no es que quiera ser taxativo o que puedas llegar a suponer que mi intención es discutirte caprichosamente tu teoría, pero me da la impresión de que no, de que no te parecés en lo más mínimo a los cuatro de Liverpool —continuó Juan sin deponer su actitud contestataria pero respetuosa.

—Pero mirá, tengo el flequillo de Lennon, la expresión de sorpresa inocente de Paul, ese toque lánguido de George y la sonrisa un tanto tontuela de Ringo —justificó Ernesto, mientras enrulaba un mechón de pelo ubicado a la altura de la nuca.

—Lo de Ringo puede ser, no te lo voy a discutir, pero quizá lo otro es un poco antojadizo de tu parte. Además de que tenés muchas entradas en el pelo como para decir que eso que se ve ahí es un flequillo —deslizó con un destello de vehemencia su improvisado oponente verbal.

—¿Te presenté a mi novia? Aiko, vení mi amor, vení a saludar a Juan.

—Hola, Juan.

—Hola, Aiko.

—¿No te parece que Aiko es igual a Yoko Ono, Juan?

—Ernesto, creo que deberías replantearte esto que estás haciendo y pensar si no es un poco insano —replicó Juan con cierta incomodidad, quizá porque había elegido pararse en puntas de pie, replicando a su admirada Bausch.

—Ja, insano. Insano es negar que cada día me parezco más a los Beatles. ¿No, Aiko? Vos me lo decías el otro día, que no me falta nada para ser uno más, para ser los Beatles en mi mismo, para ser el homenaje viviente que se merecían.

—Es cierto, amor. Juan, recién te conozco pero dejame que te diga que no podés negar el parecido que Ernesto tiene con los Beatles —intercedió la joven originaria de Asunción del Paraguay, que por sus ojos achinados era señalada como "la ponja" por sus vecinos de Hurlingham.

—Me siento mal  —dijo Juan mientras se tomaba la panza con las dos manos y buscaba un baño cerca, como si el estómago le pidiera Help a los gritos.

—All you need is love, Juan —señaló Aiko sin una sola gota de sarcasmo, mientras recogía su túnica blanca y le acercaba un vaso con soda rebajada con agua de la canilla al amigo de su pareja.

—Gracias, Aiko.

—Ya sé, Juan  —dijo Ernesto entusiasmado mientras intentaba revolver el pobre flequillo que había logrado reunir sobre su frente esa mañana, después de una hora de peinado—, voy a buscar a mamá, que te va decir lo que necesitás escuchar para creerme.

—¿Tu mamá? —respondió Juan mientras imaginaba para la escena que estaba viviendo un desenlace similar al de El lago de los cisnes.

—Sí, mi mamá, la señora de la que salí hace 30 años. ¿Vos tenés mamá?

—No sé a que viene esta pregunta, realmente, Ernesto, pero sí, tengo mamá, la tengo en casa, en el placard de la ropa de invierno.

—Ya vengo —aventuró Ernesto, tras lo cual giró en su propio eje y se alejó dando breves saltitos como jugando a la rayuela.

—Te espero acá —acotó Aiko con una sonrisa celestial, o celeste, como el lápiz de labios que tenía puesto.

Cuando Ernesto se alejó caminando por el pasillo del PH rumbo a la habitación de su señora madre, Aiko se acercó a Juan, sigilosamente, como si flotara sobre sus sandalias de cuero con hebilla y nudos en los talones.

—Juan, vos y yo sabemos que Ernesto está loco, que su fantasía con los Beatles es enfermiza. Es más, creo que deberías saber que la madre de Ernesto tiene un nivel de demencia mucho más profundo que él.

—¿En serio? —preguntó Juan como si al hacerlo pudiera llegar a recibir como respuesta que no, que no se lo estaba diciendo en serio y que solamente se lo decía para intentar darle mayor dramatismo al diálogo.

—Sí, en serio. Es más, la mamá de Ernesto cree ser igual a Janis Joplin —continuó la inmigrante con residencia en Hurlingham.

—No te puedo creer.

—Creeme.

—Te creo.

—Qué bueno, Juan.

—Sí, eso es bueno. ¿Y mientras, qué hacemos?

—No sé.

—Yo sí. Terminemos con esta farsa —aseveró Juan con determinación y gallardía, tras lo cual comenzó a quitarse el maquillaje blanco de la cara, ese que lleva cada día de su vida durante los últimos diez años, desde que se levanta, cuando se para frente al espejo del baño para caracterizarse como Gene Simons, de Kiss.

Nirvana y después

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 8/21/2012 12:00:00 a. m.

1

Despertó con la certeza de que ese día no tendría su rutina de tararear boleros. Solía hacerlo ni bien se levantaba, mientras preparaba el agua para la ducha, mientras programaba la tostadora alemana y la cafetera italiana que pagó en dólares con el medio aguinaldo. 

Pero ese día abrió los ojos negros como la noche negra y como primera movida silenció al despertador con la sensación de que ya no quería cantar aquellas melodías apolilladas, al menos en el corto tiempo, al menos durante las próximas horas, quizá hasta después de que volviera del trabajo en la empresa palermitana de diseño web que la tenía en su staff hacía cuatro años.

Se duchó como cada mañana, dejando la toalla sobre el banquito de madera gastada, al costado de la bañera, en el único espacio de la casa que no había terminado de lograr personalidad, que ella no sentía como propio sino como un resto, una resaca de los inquilinos anteriores. Y no, por primera vez en mucho tiempo, no cantó. Se sentía entera aunque resquebrajada, con una intriga en las tripas que no sabía de dónde venía ni mucho menos dónde es que la estaba llevando, como si las pocas horas que pudo dormir en esa noche de tormenta la hubieran desarmado y vuelto a armar, pero con las piezas revueltas, resignificadas.

El alma se va y no vuelve o vuelve cambiada, había leído en un texto de filosofía posmoderna para iniciados. Eso pasaría antes de morir, en algún momento, no importa si muy lejos o muy cerca de que se apague la luz. También había leído que es falso que el alma pesa 21 gramos. Esa es una pelotudez de los divulgadores científicos que nacieron para escribir en las revistas del domingo. Masturbación dialéctica con base legitimada por alguna universidad de prestigio. 

Paja.

Se masturbó despacio pero con efecto, con los dedos marchando como soldados, con disciplina prusiana, con un frenesí que no recordaba ni de sus años de adolescencia en el colegio de señoritas de Córdoba.

No se autoestimulaba nunca, ni siquiera cuando extrañaba al único tipo que alguna vez, hace mucho, demasiado, la había hecho sentirse mujer.

Ese día fue distinto. Sin música pero con una sesión de sexo onanista salvaje bajo el agua caliente de esa ducha gigante que compró en cuanto se mudó. El agua casi a punto de hervor recorriéndole la entrepierna la hizo explotar, doblarse hasta tener que apoyar una mano en la pared, pero sin aflojar el vaivén de esos dedos que por momentos no reconocía como propios.

Paja. 

De científicos que escriben para revistas del domingo. 

De diseñadora de Palermo.

Extasiada, agotada, corrió la cortina blanca con lunares negros y notó que había pasado casi una hora en su sesión de agua y dedos y esponja y jabones y más agua y más dedos y un nivel de jugos corporales que nunca creyó que pudiera llegar a expulsar.

Dos, tres tostadas, manteca, café bien caliente y a punto. Mermelada de arándanos comprada en la autoproclamada Boutique de Sabores frente al trabajo. Pensó en jugar con la jalea un rato antes de irse, de recorrerse, de calentarse en la soledad de una cama que había olvidado lo que son las marcas del goce.

-Hola Marcela, no voy a ir, decile a Esparaberri que me pase un día de vacaciones.

-¿Te sentís bien?

-Sí, pero tengo muchas cosas para hacer acá en casa. Que me pase un día. Beso, mañana nos vemos.

Las estructuras que la persiguieron desde chica,

Hola mamá, hola papá, hola a todos y la reputísima madre que los parió.

la música clásica

Académica.

que tarareaba cada mañana, la sensación de rutina gris pero afable con la que convivía no estaban en el aire de la casa pero había otra cosa, algo que no llegaba a definir pero que se le antojaba como un olor fuerte a cambio, a deuda por saldar. Ese día no iba a ser como el de ayer, ni como los del fin de semana, ni como los del mes pasado, o el anterior, o el otro. Ese era día de quiebre y lo iba a vivir. Se sentía mejor que nunca y al mismo tiempo tenía la impresión de que algo se había roto.

Se vistió como si fuera a salir, pero no a la oficina minimalista en la que diseñaba web sites para empresas que no tenían empleados que pudieran hacer el trabajo. Cobraba razonablemente bien, aunque cuando recordaba los casi cinco años de cursada en Psicología, se pensaba como el fracaso de lo que había soñado ser. Se flagelaba sin golpearse, pero con un nivel de autocrítica despiadado.

-Pero sirvo, siempre me dijeron que era buena, que sabía escuchar, que demostraba interés y pasión por la psiquis del otro. ¿Qué carajo pasó? ¿Qué mierda te pasó, estúpida?

Se encontró insultándose frente al espejo, vestida de fiesta, o de salida informal pero importante, como si tuviera por delante una cita caliente con polvo garantizado.

Tanga lila, blusa, la pollera negra de cuero en la mano izquierda, un zapato taco aguja en la derecha, el otro en el piso. Le gustaba verse despeinada, desarreglada, como después de coger, cuando corría al baño para mirarse y sacarse una foto con la retina, como si los rulos revueltos le sirvieran de testigo, prueba de que la había pasado bien, de que alguien la había sacudido, de que había sacudido a alguien.

Hacía al menos dos años, 730 días sin siquiera unos besos 

Húmedos, violentos.

que la ayudaran a humedecer el colchón, las sábanas blancas de seda que su hermanademierda le había regalado con más morbo que afecto. El día que se las compró en el outlet de Arredo lo hizo pensando en los tipos que ella se cogería gracias a las tetas firmes, al culo que no supo del paso de los años, a los labios rojos fuego que le contrastaban con la piel pálida.

Así se lo contó su hermana, detallando cada ítem de los que la llevaron a elegir las sábanas blancas de seda. La bolsa arruinaba un poco la situación, claro, porque en Arredo les gusta que se lea grande lo de OUTLET. Que todos sepan que se pagó menos.

—Qué hija de puta. En un outlet.

Sonrió frente al espejo y trató de borrar la imagen de su hermanademierda con la bolsa de descuento en una mano, y en la otra la del local de Gucci en Recoleta.

—Outlet de hermanas, se dijo y clavó la vista en la imagen que el espejo le devolvía de su entrepierna, como si ella misma fuera su hermana escrutándose el cuerpo que estallaba de sexo entre las sábanas blancas de seda.

Del outlet.

Dejó caer el zapato y la pollera que sujetaba y se recorrió despacio las puntillas de la tanga con las yemas de los dedos de ambas manos. Despacio, descubriendo por primera vez las guardas sutiles, las líneas sin sentido que recorrían la tela y que terminaban inequívocamente en el mismísimo punto de llegada al clítoris.

Se miró a los ojos con fuerza imperativa, profunda. Recorrió lo que había vivido minutos antes bajo la ducha: la sensación de liberación, de jugar a lo que nunca se había permitido ser. 

Jugar a ser la puta de alguien.

Pensó en cómo habrían visto esa escena sus padres, su hermanademierda, las preceptoras de Córdoba que treinta años atrás le jodieron la pubertad a fuerza de gritos, amonestaciones, represión disfrazada de normas de conducta.

—Hola mamá, con esta manito me masturbé y acabé como vos no acabaste nunca en tu triste vida. Con estos dedos me metí a Dios en la concha como papá jamás te lo metió a vos. Hola papá, estamos hablando de vos con mami, bañate antes de saludar porque se te nota el olor a sexo. Dale papá, andá, a menos que lo hagas a propósito para que mamá sepa que te no querés aburrir cagándole la vida y preferís darle un poco de vértigo al asunto. ¿Cuánto hace que no coge, profesora? Hola hermanitademierda, la concha de tu madre. Sí, vos, mamá, la pariste vos.

Se sentía con un nivel de liberación y con una posibilidad de catarsis ilimitada, exhumando odios a epíteto limpio. Podía gozar, gritar, tocarse como nunca en áreas de su cuerpo a las que jamás pensó clavarle bandera. Lo había hecho recién y sin embargo la explosión la sentía lejana, como si entre la ducha y ese momento frente al espejo hubieran pasado horas.

Había que hacer algo más con esos dedos, con esa tanga, con ese pubis lampiño y prolijo para la batalla que sin dudas ese día iba a dar por la reconquista del cuerpo. Del suyo, sin outlet, sin mamá y papá, sin hermanademierda, sin preceptoras anorgásmicas hijas de mil puta.

—Tomá diosito, acá la tenés: húmeda y católica.

En cuerpo y alma, aunque el alma hubiera mutado a otra cosa, a otro quien, quizá. A una dimensión que no conocía, que le resultaba salvaje y ajena pero cada segundo más propia.

No se puede ser sin sangre, pensó. No se nace sin dolor, no se construye sin romper.

—Estás naciendo, hija de puta. No es gratis esto.

El espejo le ofrecía una imagen de si misma que nunca creyó encontrar. Tenía el alma en cada poro y la sentía cosquilleándole los pezones, mordiéndolos con fruición. La tanga estaba empapada y ni siquiera había notado el calor que tenía en los muslos. Seguía frotándose con las yemas de los dedos, despacio, con el último resto de culpa que le quedaba. Quizá porque mientras renovaba la excitación que experimentó en la bañera pensaba en el cuadro familiar, eterno, abrasivo.

Mamá, papá, hermanademierda, la amante de papá, las preceptoras. Todos desnudos, atrás de ella, mirándola, espiando ese momento de renacimiento en carne viva, urgente, terminal.

Deslizó la tanga y lo hizo con lentitud zen, poniendo atención al momento en que se despegara de una entrepierna empapada de novedades. Disfrutó sintiendo el roce de la tela mientras se alejaba de ella, la bajó despacio al tiempo que se descubría tan mujer como nunca.

Sonrió, se revolvió el pelo un poco más, se chupó los dedos índice y mayor de la mano derecha y se los hundió.

Hasta el fondo.

Los soldados prusianos, otra vez ahí, haciendo el trabajo sucio que ningún tipo había hecho en dos años, 730 días, 17.500 horas. Dos dedos marchantes sin apuro pero con una firmeza inimaginable, lejos de los links, del código html, de las plantillas. Los dedos que se apoyaban todas las putas mañanas en las teclas de la computadora de diseño obsesivo, estaban librando una batalla final por el renacer de un sexo apagado.

—Cómo te estás encendiendo, maldita, que caliente que estás.

Se observó tirada de costado frente al espejo que reinaba en el medio del living. La alfombra verde, mullida, le sirvió para que no se le enfriara el culo que a esa altura hervía. Se quería mirar, no podía ser que tuviera ya tres dedos adentro y las ganas de ampliar el desafío y llegar hasta donde ya no pudiera más.

—Gritá hija de puta, gritate, cogete hija de puta, es por vos. ¡Es por vos, frustrada de mierda, es por vos, es por vos, muerta, es por vos y por toda la vida que te perdiste! ¡Es por vos, imbécil, por vos! ¡Es por vos!

Los gritos sobresaltaron a los vecinos que practicaban su ritual del desayuno, además despertaron a los que todavía estaban durmiendo cerca de ese departamento del tercer piso en la esquina de Juramento y Arcos, a las 9 de la mañana de un lunes de junio nublado, espeso.

Jugar. Hasta el fondo.

Pasaron dos meses hasta que la hermanademierda terminó de limpiar el monoambiente de Belgrano donde ocho días después de los gritos, los orgasmos y la transformación radical de una mujer gris en busca de un quiebre alguien tiró abajo la puerta principal para conocer los motivos de un olor nauseabundo que aterrorizaba.

La urgencia visceral del renacimiento, del éxtasis, fueron la crónica en vivo y en directo de una consumación terminal. Orgasmo, grito y ejecución. Lo que no había sido llegó para dar el presente y clavar un punto final de sangre a un corazón que se hizo combustible en un día revelador.

Demasiado para una existencia ahuecada por los otros, por el mandato del no serás. 

Orgasmo, nirvana y epílogo.

No se puede ser sin sangre. No se construye sin romper.

Conquista.

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 7/29/2012 04:39:00 a. m.

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Quiero que me desafíes, que me pongas en duda, me reorganices y me tires a patadas cada una de las estructuras que supe levantar con los años. Es ahora o nunca, dijo el poeta en alguna taberna de mala muerte para cobrar derechos de autor el día que ya no pudiera crear más.

Ahora o nunca, sacudime en sillones, colchones, bares, aeropuertos, playas, balcones y alfombras. Desarmame, quedate con el vuelto y seguí.

Desarmar sin sangrar, esa es la historia. Desarmarse del concepto y el preconcepto, y volverlos a crear. Nos tenemos que basar en lo que tenemos y lo que queremos. Desarmarte.

Desarmarte de tus propios fundamentos y aniquilarle las teorías a pura bravuconada sexual. Oral y escrito, tema uno y tema dos.

La prueba es que estás, que llegaste, que apareciste para escupirme en la cara que la verdad no existe y que la realidad la construimos a pura piel.

Piel. Tu piel. Si te digo que quiero pasar toda la vida con vos quizá sea que te digo que la vida hoy para mi es tu piel y no encuentro otro territorio con ganas de conquistar. Sentir que clavé bandera ya me abre cada poro. La erección es otra cosa. O no.

Ganas.

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 7/29/2012 04:25:00 a. m.

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Con apenas un cuarto de la curva de tu culo construyo un universo paralelo de orgasmos y ensoñación sexual. No te vayas, quedate un rato más, hasta que te quiera extrañar, aunque me cuesta encontrar el momento en que pueda desear estar solo si te tengo cerca.

Respirame, comeme, calentame, gozame de ida y vuelta, como vos quieras y en la forma que te parezca mejor. Hoy el sexo sos vos y no hay definición ni Real Academia que pueda venir a explicar de qué se trata. Que la sigan chupando. Y vos también, dale, despojame de cualquier rastro de machismo o dominación que puedas encontrar, que pueda entorpecer tu instinto.

Tu instinto.

Quiero un poco de ferocidad dulce, de la tuya, de tu ferocidad y de tu dulce. Muy, más y mejor.

Donde ves imperfecciones veo la sublimación de la piel, el escenario de una mordida que entre y salga del salvajismo a la redención. Eso quiero, redención. Y rendición, mutua, bandera blanca después de la guerra y el arrancarse a mordidas las ganas.

Las ganas.

Que no mueran, que no se corran tan siquiera un centímetro.

Pesar

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 6/15/2012 04:04:00 a. m.

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Me tiento de mi mismo, de vos, de vos sobre mi. De mi, encima, abajo, detrás y a los costados. A los dos, a la vez. A las tres. A la una, a las dos, a las tres. A las cuatro y veinte te esperaba y viniste a las cinco. Así no se puede, lo sabés, lo debés saber, lo deberías saber, lo tendrías que haber aprendido. De chico. De chico pensaba que yo era alguien que no era, o que no podría haber sido. Pero sí. Pero si hubiera sido ahora no sería, o sería lo que habría sido si hubiera sido todo de otra manera.

Me canso, salgo, no. Sí. Que no, que así no. Asesino. As es. Y no. No. Real no, quizá un poco menos amoral que la falta de certeza. La certeza de que no fue, no fui, no fuimos. Pero ser pesa. Pesa. Pesa ser. Pesar.

Sucio.

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 11/08/2011 09:55:00 p. m.

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No termino de entender si me cuesta aprenderte o si en realidad quiero  desaprehender de mi, de lo que fui y de lo que no puedo dejar de ser. El futuro no llegó, tendrías que saberlo a tantos años de haber comenzado a olvidar. A olvidarme. A olvidarte de recordar dónde escondista las llaves del cofre en el que dejaste el último sentimiento de piedad que me supiste dedicar.

Me sabés dispuesto a atajar algunos breves bombardeos y a limpiar los restos de las batallas, aunque pasen horas, días, semanas sin que pueda barrer la última ceniza, el último estertor de sentido.

Enciendo el lavarropas pero no puedo manejarlo, me supera la situación de saber que en ese agujero de jabón concentrado en polvo, químicos y mugre, se revuelca la ropa que dejaste en el fondo del armario, además de que en ese acto desaparece la última conjunción de líquidos mutuos, de grasa, de piel, de rechazo, pasión, odio, deseo.

Así, barroco a pesar de mi, perdido, acabado. Y sin quitamanchas.

Outtake

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 11/05/2011 07:20:00 a. m.

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Quiero ver, quiero entrarte. Nena, nadie te va a hacer mal, excepto yo. Si fuera una canción de Seru Girán no sería Seminare, sería quizá esa que Charly dejó afuera por falta de afinación, porque su atribulado y reventado oído absoluto le habría alertado que no entraba en ningún disco, que cerca de Desarma y Sangra sonaría sucia y al lado de Perro Andaluz se vería demasiado (e inútilmente) cinéfila. 


Moveme, sacudime, cacheteame, pegame y decime Marte. Soy cualquier cosa menos lo que estabas buscando. Te tengo que alertar antes de que te equivoques, antes de que vuelvas a elegir mal, como la otra vez, como recién, como al principio. Como vas a seguir haciendo.


Soy la estrofa mal terminada, la canción con la rima consonante menos aceitada de la cocina del songwriter, la que Sabina tiró al tacho de las vergonzantes, las que ni siquiera en su compilado de outtakes más trillado podría entrar como bonus track.


Y sí, el lugar común del loser, a esta hora, la de la mañana intolerable y fatal, me sienta bien. Dejame jugar a que soy un perdedor consciente, una peluca telefónica sin tono, un bombón con licor nacional impopular.


Puedo escribir los versos más tristes esta mañana, pero me quedé sin nesquik.





Humo.

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 10/18/2011 10:24:00 p. m.

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No puedo dejar de observar, perderme, hundirme, en las caprichosas maneras que tiene el humo para tomar formas sin forma, para recrearse en el aire, ante los ojos de quien quiera ver. 


Amorfo barra a.


Suelo buscar reinventarme cada tanto, quizá para imitar a esa independencia de lo efímero, quizá para recolectar un poco de aire ajeno y sorpresivo a cada vuelta de tuerca. Me ajusto, me tuerzo, me estaciono en doble fila un rato para correrme más tarde y, siempre, tener que cambiar la llanta después de algunos kilómetros.


No me interesan los autos y las metáforas suelen parecerme fáciles y de fast food. Pero ahí está, fácil y de digestión veloz, de mostrador con empleado del mes eyaculado contra una pared. O paredón.


Para mí un cuarto de libros con queso.


Efímero.

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 10/18/2011 04:41:00 a. m.

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Recorro, entro, me sacudo, salgo, paseo, miro, me deslumbro.


Me pienso efímero y ratifico cada uno de los miedos que me fueron adjudicados en el momento mismo de la luz. La prendo, apago, vuelvo a prender, enciendo, quemo, incinero, barro las cenizas.


Vuelvo a entrar, me debilito, salgo, muero.


Entonces, no sé, quizá, nada, digo. Nada. Nado. Digo. Digo no. No digo. No digo más. Más no. 


Someterse al exprimidor diario es una tarea que le encargo al más pintado. Al mejor pintor. Al mejor postor. Apuesto y pierdo. Juego, sumo, resto, divido, me divido, me sumo. Me suma. Tabla del siete. Tabla, golpe, ruido, dolor. Efímero. Efímera.


Luz. 


Eclipse.


Recorro, miro, me deslumbro, me debilito, salgo, muero.

Así

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 7/18/2011 05:11:00 a. m.

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Ahí.
Acá.
Así.
Bajá.
Tanto no. Ahí. Ahí.
Sí.
Arriba.
Subí. Subime, correte, correme, correte más, seguí, seguí, así, seguí, seguí.
Así.
Así.
Así.
Desaparecé.

Tierra

Posted by Daniel Castelo | Posted in | Posted on 7/18/2011 05:02:00 a. m.

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Enterrame, vivo, sacame, entrame. Salime. Salí, sacá. Pico, pala, bajada cordón. Te vas, lejos, lejos. Lejos.

Volvé. No, no vuelvas. Hasta ahí. Ahí. No estoy. Dice el señor que no está, que se fue de vacaciones. De invierno. Nieve, frío, lluvia ácida. Lima limón para mi, mozo.

Se fueron todos. El bar vacío y no se me acercan ni para cobrar la cuenta. Cinco cafés, negros, muy negros, al borde del paroxismo racial de los cafés. De Colombia, dice el sobre de azúcar. Las pelotas, sí. El azúcar, claro, no endulza, o sí, pero no lo que tendría que endulzar. Estar solo y ver que ni el pendejo de las estampitas se acerca a la mesa es la más rubricable y efervescente garantía de mi soledad. Gracias, una certeza de vez en cuando viene bien.

A llorar a la iglesia. Pero andá vos; yo paso, gracias. A la iglesia se entra esperanzado, en el mejor de los casos, y se sale llorando, sobre todo si sos monaguillo, sobre todo si te compraste la garantía de por vida de la culpa y la flagelación espiritual y psicológica. Andá a depender de tu muñeco y tu vitral.

Yo te miro de lejos, mientras marchás lápida en mano y me tirás tierra. Un poco más. Amén.

La reafirmación

Posted by Daniel Castelo | Posted in , | Posted on 10/30/2010 09:28:00 a. m.

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Lloraba como una nena, tenía la voz irreconocible, débil, quebrada, anulada. Es el número uno (o dos, a lo sumo) entre los mejores rankeados de la lista de villanos creada, amasada, difundida y transmitida por todas las vías posibles por la corporación mediática. 


Luis D´elía, pocos minutos después de que se esparciera la noticia de la pérdida, rompía, a través de una comunicación radial, el mito, la leyenda del Goliat feo, sucio, malo, negrodemierda y se entregó a llorar con desconsuelo por la muerte de Néstor Kirchner. En ese momento, el de esa voz destruida por el dolor, terminé de caer en cuenta de lo que significaba este tipo desgarbado, desbocado y visceral que hace siete años asumió la presidencia con menos del 23 por ciento de los votos, o como él mismo graficó mejor que nadie: con menos votos que desocupados.


No acompañé al kirchnerismo ni en 2003 (a las cosas que nos quitó Menem se agrega el no haber podido votar a Néstor en ese ballotage) ni en el 2007, cuando, ahí sí, me quedé afuera del entendimiento de lo que habían significado esos cuatro años de poder en eterna pulseada con verdaderas moles, con interminables tótem de la toma de decisiones real y concreta, esa que no se manifiesta a los gritos ni tiene olor a transpiración. Esa que cuida las formas, que no explicita su crispación pero la lleva en la sangre, que en lugar de pancartas apela a lobbys furiosos, que reemplaza cánticos mal acentuados por presiones en la bolsa, por golpes de Estado. Esa que esta semana volvió a perder una batalla, la más importante, la de la historia.


Al mismo tiempo, lo de la plaza (La Plaza) estuvo más allá, superó cualquier cálculo, cualquier expectativa, cualquier perverso análisis editorial. Lo que se pudo ver del miércoles al viernes en Plaza de Mayo fue la expresión más cabal del contraste entre la realidad de la calle y la opinión publicada. Primero decenas, después algunos centenares, más tarde miles reunidos para despedirse, cada cual a su modo. Dieciocho cuadras de fila y hasta ocho horas de espera para pasar por al lado del cajón unos cuatro o cinco segundos e irse de vuelta a casa. Ocho horas. ¿Cuántas horas de fila harías para el velatorio de un conocido, de un amigo, de un pariente no tan cercano?


La potencia, la sangre, el dolor de estos días, por su falta de previsión, son más contundentes que cualquier movilización con o sin choripán y coca cola (¿dónde están los gritos puros, los patriotas de blackberry denunciante, los que veían militantes rentados en cada esquina, los que miserabilizaban cualquier acto de apoyo y lo relacionaban con prebendas y alpargatasílibrosno?). Lo que durante estas horas de recogimiento, ojos enjuagados y tripas revueltas vimos, sentimos y guardamos para siempre en la memoria fue mucho más que una expresión de amor o de reconocimiento a un líder; hemos sido testigos de la reafirmación de un camino político que, con el barro propio de la confrontación y el cambio, ya está internalizado en millones.


Y como leí por ahí, en una pared escrita por la pasión y la garra puestas al noble servicio de defender a una presidenta a la que le queda un camino pedregoso pero sostenido, un mensaje claro y sin vueltas para los cuervos que ya sobrevuelan: Ni lo intenten.

Música de fondo para cualquier rescate minado

Posted by Daniel Castelo | Posted in , | Posted on 10/13/2010 08:16:00 a. m.

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El rescate de los mineros chilenos es la noticia del año y al calificativo de milagro (epíteto, diría yo en homenaje a las decenas de personas que trabajaron terrenalmente para llegar a este logro) se le podrían sumar algunas canciones que así como han servido para acompañar un sinfín de acontecimientos que potenciaron comentarios y transmisiones kitsch, también podrían ser un elemento ad hoc en esta ocasión.

1. Y dale alegría a mi corazón
Es perfecta, el himno de cualquier acontecimiento que movilice sentimientos  aunque no demasiada sensatez. Imaginate en cámara lenta las imágenes de los mineros saliendo de la cápsula, abrazándose con sus mujeres y/o hijos y/o Sebastián Piñera. La gente saltando y celebrando, mientras Fito y Spinetta cantan una de las letras más usadas por editores televisivos y armadores de videos de vacaciones en Cataratas del Iguazú.

2. Brillante sobre el mic
Otra para usar el ralenti. Quizàs lo de "la noche que dejaste de actuar soooolo para darme amor" no tenga un carancho que ver con 33 mineros que salen de una cueva, pero bueno, tampoco tenía nada que ver cuando se usó  para la salida de Maradona de la selección en 1994, y quedó bien igual. Además, esa base de batería junto al "recuerdos que no voy a olvidar" es ideal para montar imágenes de los mineros sonriendo y haciendo bromas en el refugio. Un hit seguro.

3. Cuantas minas que tengo
Para una fiesta de homenaje a los mineros es la gran canción que los debería recibir. Y ahora también, armamos un videito rápido con los tipos saltando cuando salían de la cápsula Fénix y le metemos a Copani, que si lo apurás un poco seguro tiene alguna cosita para decir sobre el tema.

4. Color esperanza
El touch con alto contenido de lípidos infaltable, a caballito del mononeuronal recurso de hablar del "milagro de los mineros". El video puede empezar con Santo Biasati anunciando "el milagro", los mineros sonriendo junto al presidente chileno, y Diego Torres cantando eso de "saber que se puede, querer que se pueda". De paso le sirve a Piñera para la campaña de su reelección.

5. Fanky
"No voy a parar / yo no tengo dudas / No voy a bajar / déjalo que suba". la frase calza bien, armamos un video rock y captamos al público más reticente a sensibilizarse con el Fito Páez light y lacrimógeno. De paso, Charly puede ir a Copiapó y dar un recital también ahí, ahora que está "bien".

6. Cuando pase el temblor
Después del terremoto que sacudió a Chile hace algunos meses, el encierro de los mineros parecía ser otra de esas señales de que la tierra no se lleva bien con el país trasandino. Claro, el éxito del rescate y la sonrisa de Piñera parece negar semejante cosa. Qué mejor que una canción que parece decir que cuando se termine el sacudón, vendrá lo mejor. "Despiertamé cuando pase el temblor", habría dicho Piñera mientras esperaba que Bachelet le dejara los fondos suficientes para capitalizar el post-terremoto.

7. Rasguña las piedras
No cuesta mucho imaginarse a los pobres mineros desesperados tratando de salir del pozo rascando tierra, piedras y todo lo que se hubieran podido encontrar 700 metros para abajo, si no hubiera sido por ese refugio salvador. 

8. Gracias a la vida
La voz de Mercedes Sosa, nuestra muerta reciente más ilustre, sumado al fuerte tono emocional de la letra de Violeta Parra, con el agregado de los mineros saliendo del pozo y abrazándose al por mayor, lagrimeando, dando testimonio de su paso por subsuelo de la tierra, es imbatible. Un highlight seguro. Si no lo aprovechan, mamani esssssta.

9. Yo quiero ser minero
Le cambiamos la letra, se la damos a Barragán y hace un hit seguro que el club de fans del programa cantará seguramente a plena felicidad en las asambleas que realizan en plazas de las ciudades argentinas. En Chile no le van a dar bola, porque van a seguir gritando Chi Chi Chi Lé Lé Lé a diestra y siniestra.

10. Sabor a mi
La canción que no fue, el himno por antonomasia de los sobrevivientes de Los Andes (los de la película Viven, che) que bien podría haberse repetido en Copiapó, entre 33 hombres que pasaron juntos dos meses, encerrados, con no demasiada comida, sin sus parejas... y que teniendo en cuenta que pudieron higienizarse y oler a jabón, quien sabe si en su boca no llevan el feliz recuerdo de alguna parte de esos cuerpos ajenos, transpirados, masculinos y... ejem, que tanta intimidad me está poniendo nervioso y ya estoy mirando con cariño al amigo Sepúlveda.

Entrevista a Ricardo Forster

Posted by Daniel Castelo | Posted in , | Posted on 9/15/2010 01:49:00 p. m.

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Acá va la versión completa de la entrevista que le hice a Forster, originalmente publicada (retitulada y resumida) en Diario Z.


“Lo mejor del kirchnerismo es cuando dobla la apuesta”

Es uno de los fundadores de Carta Abierta y mosquetero de la intelectualidad que adhiere al kirchnerismo. Dice que el gobierno causa escozor en el poder concentrado y destaca al mandato de Cristina por sobre el de Néstor Kirchner.

A más de dos años del nacimiento de Carta Abierta y también de la crisis del campo, ¿se podría decir que el conflicto amainó pero se profundizaron los frentes?
Creo que más allá de los errores que pudieron cometerse, se abrió un nuevo tiempo político, debates que no se hubieran dado de la misma manera de no generarse ese conflicto por la renta agraria, que es histórico y nunca resuelto en la Argentina. Lo transitado estos dos últimos años no ofrece una sntesis inimaginable en otro contexto: reestatización del sistema jubilatorio, ley de servicios audiovisuales, asignacíón universal, matrimonio igualitario, unión latinoamericana, defensa a ultranza del mercado interno y el salario, repolitización de una parte importante de la sociedad, los festejos inesperados por el bicentenario… esto nos muestra un cuadro de una sociedad en movimiento, en estado de politización. Hoy se discute como no se discutía hace décadas el problema del Estado, de la renta, el proyecto de país, por eso para mi el saldo es positivo. Carta Abierta expresó en un momento determinado una irrupción inesperable, que rompió el discurso del poder mediático, en un escenario supuestamente abroquelado de las clases medias.

Las 5 mejores películas de Quentin Tarantino

Posted by Daniel Castelo | Posted in , , | Posted on 9/13/2010 07:48:00 p. m.

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Este señorito, que hasta el momento tiene solo ocho largometrajes terminados enmarcados en una personal revolución pop, clavó en los 90s un nuevo vértice en la historia del cine a pura posmodernidad y desfachatez, despellejando el estilo narrativo que venía imponiéndose desde hacía décadas en el cine de los Estados Unidos, haciendo de las obsesiones propias un parámetro a seguir, instaurando un nuevo paradigma del realizador cinematográfico. Y además, tirando sobre la mesa de la historia del cine un puñado de títulos poderosos, decontructivistas de géneros, estructuras formales y temas.
Aquí mi top 5, mis cinco películas favoritas de Mr. Q, el chico del video club.